Recibir el amor a veces suele ser más difícil que darlo. Venimos tan acostumbrados a creer que no lo merecemos que cuando está ante nuestros ojos o nos negamos a verlo o simplemente nos resistimos a aceptarlo.
Quizá a muchos se les condicionó el amor en sus primeros recuerdos infantiles. Necesitabas complacer o congraciar a tus progenitores o cuidadores para mantenerlos a gusto o "felices". La mayoría de nosotros hemos recibido el "amor" bajo condiciones, entonces, cuando se nos presenta libre de éstas nos cuesta digerirlo o procesarlo.
No procesar adecuadamente el amor tiene sus implicaciones.
Nos mantenemos en un ciclo sin fin de no sentirnos lo suficientemente amados cuando la realidad es que no estamos sabiendo recibirlo porque estamos agujereados y se nos está colando. Y generalmente en esa coladera queda lo doloroso y el amor que suele ser limpio y ligero suele escapar y pasar desapercibido.
Dejarse amar no solo es saludable es una acción que demuestra autovaloración y amor propio. Dejarse amar te dejará libre de menos sufrimiento y de malestar físico y psicológico. Dejarse amar te ayudará a percibir el lado más sensible y auténtico del gremio humano.
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