lunes, 12 de mayo de 2014

La Aceptación como Proceso de Transformación Interna.

Existen situaciones de vida en las que luchar tiene poco sentido porque la verdadera victoria es justamente aceptarlas para transformarte. Circunstancias que escapan de tus manos y rebelarte o resistirte a ellas es una gran perdida de energía que te estancará y no te dejará ver salida ni aprendizaje ni crecimiento. Aferrarte es equivalente a paralizarte, estás hecho para expandirte, fluir, aprender y crecer.

La aceptación es esa capacidad de comprender que hay más recursos internos por desarrollar para vivir a plenitud aquello que no podemos cambiar.  Aceptar para transformarte no es igual que aceptar por "comodidad". Se acepta aquello que fuera de ti no  logras modificar. 

Cuando no aceptas pierdes objetividad, te cuesta percibir la realidad en su totalidad y tu percepción estará parcelada, limitada, sesgada... Y al no comprender tu circunstancia, le empezarás a buscar "solución  mágica". No conseguir respuesta favorable de cambio te llevará a desesperanzarte y frustrarte. Es entonces cuando comienza el peor de tus flagelos: "la victimización", te haces el peor de todos tus verdugos, ese que no te deja comprender que aceptar te hará responsable de todo lo que si puedes hacer y depende solo de ti dentro de tu nueva circunstancia.    

El proceso de aceptación  es importante para obtener una nueva percepción que te deje reconocer nuevas opciones para fluir y crecer. Aceptar aquello que está fuera de ti y no puedes cambiar te permitirá obtener el impulso de renovarte y desarrollar mucho más tu potencial.
Aceptar eso que fuera de ti no es posible modificar es clave para estar más satisfecho y empezar nuevos retos. Tomar un nuevo rumbo en el que puedas descubrir lo que mereces,  para aprender, corregirte y sacarle el mejor provecho a tu situación actual. 



viernes, 9 de mayo de 2014

Superando la Incongruencia.

No hay sensación más tranquilizante que esa que produce la congruencia. Pensar, sentir y actuar en concordancia. Y quien lo logra puede vivir en plenitud, sin embargo pocos la alcanzan, la mayoría vive en completa incongruencia. Somos un mundo repleto de incongruentes. Pensamos una cosa y hacemos otra. 

Preferimos vivir bajo la incongruencia, no por querer intranquilidad, sino porque nuestros deseos en momentos se enfrentan y hasta luchan con la expectativa o normativa social.  Nos hacemos incongruentes porque queremos lo "mejor" de los dos mundos, saciar nuestros anhelos y ser aceptados socialmente. Mientras los deseos se acoplan a las expectativas sociales los individuos no suelen entrar en conflicto. De lo contrario, es posible que en momentos tengamos que sacrificar uno u otro. Por ejemplo, si un padre se empecina en que su hijo debe dedicarse a la medicina y este se siente a gusto con ello no habrá conflicto y mucho menos incongruencia. El problema se presentará si el hijo tiene otro deseo. Y es posible que si el hijo se somete a los deseos externos termine viviendo bajo mucha incongruencia. Y así como ese ejemplo podríamos citar muchos más: las tendencias sexuales, la elección de pareja, la vocación entre otros. 

 A veces la necesidad del ser debe imponerse sobre las expectativas sociales, particularmente cuando éstas impiden su sano desarrollo. Una sociedad llena de prejuicios e ignorancia condena a la incongruencia a todo aquel que no se acepte o viva dependiente del qué dirán o la aprobación externa.  

 Es muy frecuente que quienes imponen las normas suelen ser los más incongruentes (gobierno, padres, maestros etc). La incongruencia se adueña de nuestras vidas cuando las normas y expectativas sociales rebasan exageradamente nuestros límites personales. No se le puede exigir a un león que no coma carne. Eso va en contra de su naturaleza y su instinto lo dominará o simplemente morirá.

 Existen reglas tan absurdas que si no las violas te desgastan, te maltratan porque dejas de ser tú mismo para complacer a quién sabe quien. 

 El ser no conoce de caprichos, él busca lo que necesita para crecer. Es muy importante que lo aprendas a reconocer. Todo aquello que te pone a vibrar en una frecuencia elevada alimenta a tu ser. Date cuenta de lo que te pasa cuando haces lo que amas. Cada uno tiene sus maneras muy particulares de alimentar al ser y eso se va descubriendo desde muy temprano. Si no ocurre se desvirtúa.

Cuando el ser se desvirtúa la infelicidad y el sufrimiento tocan la puerta y entran para quedarse. Eso es como vivir solo y en tinieblas. Un ser desvirtuado es capaz de lo más bajo porque él no ha sabido reconocer la frecuencia vibratoria que lo eleva. Está incapacitado.

Si aún no te conectas con esa frecuencia que te eleva, te invito a buscar y a descubrir lo que amas hacer, lo que te da gozo aún cuando por ello no recibas a cambio nada material. Eso que cuando lo haces te hace mejor persona a ti y a quien tocas. No dejes de perseguir tus anhelos, el mundo necesita seres más congruentes, que se reconozcan y amen su ser superior por sobre todas las cosas. 


jueves, 8 de mayo de 2014

La experiencia de ser padres...un aprendizaje infinito

El abandono afectivo daña profundamente las bases sobre las que se construye la confianza, seguridad e incluso la felicidad de un niño. Necesitamos mas padres por vocación y devoción.
Tener hijos no es tarea tan complicada ni ardua, sin embargo, concebir para algunos termina siendo no solo costoso sino incluso imposible y ni hablar del embarazo y todas las transformaciones drásticas que él trae consigo y por supuesto el tan temido parto para muchas. Pero cuando de criar y educar se trata son palabras mayores, todo un reto para el que debemos prepararnos y sensibilizarnos.
A veces me siento a reflexionar lo complejo de la crianza y educación de los hijos, en la medida que el tiempo avanza y mis hijos y los de ustedes crecen comprendo el nivel de envergadura que tiene nuestra participación activa y consciente en el desarrollo integral de nuestros niños y adolescentes.
Cuando hablo de desarrollo integral me refiero a su crecimiento físico, afectivo, social, sexual, intelectual e incluso espiritual, no refiriéndome  a éste desde el punto de vista religioso, pero si como el desarrollo del ser, logrado gracias a la realización e integración de todas las áreas anteriormente mencionadas.
Es importante ver a nuestros hijos como seres con grandes capacidades y potencial, que no solo nos cuesta verlo en ellos, aún peor en nosotros mismos. Estamos sumergidos en nuestras miserias, sensaciones de incapacidad, frustración y de mucha negación. Negación a ver lo redimible, positivo y valioso que existe en nosotros y por ende en ellos.
Estamos tan centrados en ver lo que no tienen y con frecuencia nos empeñamos en decirles lo que no hacen o en lo que “mal" hacen. Y todo ello lo hacemos porque estamos educando y criando, buscando lo “mejor” para ellos. Aunado a esto se encuentra la agitada vida para lograr darles lo básico y sobrevivir (alimento, salud, escuela, vestido, techo, etc.); si a demás agregamos la intrincada y tan compleja vida de pareja (madres solteras, divorcios, problemas maritales, entre otros) el panorama se nos hace mas turbio y trastornado.
Pero no es mi idea hoy trastornar o imposibilitar la maravillosa e inigualable experiencia de educar y criar hijos. Después de mencionar brevemente el panorama es fácil comprender que nos equivoquemos tanto mientras ejercemos quizá el mas difícil de los roles, el de padre o madre.
Cuando asumimos con vocación y suficiente devoción la tarea de ser padres los efectos positivos que ella tiene sobre nosotros son incontables, a continuación les muestro algunos de los que he descubierto en mi experiencia personal y profesional.
Nos da la oportunidad de reconocer los errores de nuestros padres, comprenderlos y hasta perdonarlos.
Nos ayuda a estar atentos a nuestras carencias o errores para trascenderlos y superarlos .
Nos sensibiliza para evitar juicios sobre otros y ser más tolerantes.
Nos enseña el valor de lo mas esencial, de lo que nadie te puede arrebatar, tu aprendizaje, no importa como ha llegado, simplemente llegó.
Te ayudará a evocar tus días de infancia y reconocerás de nuevo el valor del juego y su importancia para acercarte a tu hijo e intensificar la relación de confianza que necesitarás en momentos críticos más   adelante. Jugar con ellos es una clave.
La humildad que nos puede dar ser padres la obtenemos cuando reconocemos que lo natural y conveniente es que nuestros hijos nos superen y sean mejores que nosotros en todos los terminos.
Desarrollamos nuestras habilidades sociales y afectivas pues aprendemos a comunicarnos en cuerpo, alma y palabra para ser más efectivos.
Nos sensibilizamos ante el dolor y la problemática ajena. Como decía el gran escritor y poeta Andrés E. Blanco en su poesía Los hijos infinitos: “Cuando se tiene un hijo se tiene el hijo de la casa y el de la calle entera…”
Desarrollamos nuevas conexiones neuronales, nos hacemos más inteligentes y capaces.
Entregarse al rol de padre o madre te deja entrever la importancia del nosotros y la vida centrada en crecer juntos, pues pierde sentido cuando se individualiza.
Cuando eres padre o madre por vocación y devoción tu mente y espíritu se superan a sí mismos haciéndote cada día mejor.
Y si un día te toca perdonar a un hijo, estoy segura que ese día será trascendental en tu vida pués te tocará inevitablemente perdonarte a tí mismo.
Si un hijo te nace en una condición particular o especial, tú reconocerás y comprenderás más que nadie que amar es aceptar. Y que ninguna persona tendrá el poder de quitarte la firme convicción de que tu hijo si puede hacer una diferencia en este mundo.
Y si pasas por el dolor más grande, ese por el que ninguno quiere ni espera pasar, te tocará aprender que expresarte, agruparte, sostenerte y apoyarte en otros es una salida para superar lo que creías insuperable, e incluso experimentarás un aumento de tu capacidad perceptual, así lo invisible e intangible para otros estará a tu alcance.
Y que no te quede duda, que la experiencia de ser padre o madre te lleva a un aprendizaje infinito. 


miércoles, 7 de mayo de 2014

Educarse en la reflexión y el compromiso.


El camino que edificará y liberará a los pueblos oprimidos es la educación. Educar al pensamiento, educar las emociones, educar nuestras acciones. Un buen avance para iniciar es observarte en tu pensar, sentir y actuar. Asumirte, responsabilizarte de tus compromisos personales y sociales  (familia, comunidad e instituciones).

Hay una gran tendencia a vociferar acerca de los derechos, pero qué hay de nuestros deberes u obligaciones. Justamente vivir centrados en eso nos mantiene prisioneros como adolescentes, culpan a su entorno de cada fracaso, les encanta rebelarse sin el mínimo acato de sus más pequeñas responsabilidades, violan normas y sin embargo son totalmente dependientes de sus padres, luchan en vano contra éstos pero olvidan que lo principal es tomar las riendas de su vida, educándose,   responsabilizándose y cumpliendo con todas sus obligaciones y el resultado será claro, independencia, libertad, eso sí, bajo el gran precio que siempre se ha de pagar, trabajar, trabajar en sí mismo y por su comunidad. Nadie tiene que decirle lo que debe hacer porque lo hace y lo hará. Siempre será saludable independizarse hasta de un "buen padre".   

No conozco al primero que se haya dejado arrastrar por sus impulsos y emociones y venza a sus demonios, por el contrario los fortalece.
Nos encanta que nos digan todo aquello que sale de las vísceras, al parecer eso se conecta mejor con nosotros. Y las ideas, la reflexión, el compromiso... que se pierdan. Cuando nos hacemos a base de impulsos y emociones nos equivocamos todas las veces. Prácticamente no hay aprendizaje ni el dolor educa. Nos gusta el sabor amargo y sufriente en la boca, así no nos responsabilizamos de ninguna cosa.

El sufrimiento es una consecuencia de las malas decisiones. Todas, casi todas decisiones viscerales, emocionales e impulsivas.
El sufrimiento se trasciende con la reflexión profunda que te da la comprensión de lo que necesitas aportar y hacer para mejorar. Los pueblos oprimidos necesitan educarse en la reflexión personal, grupal y social. 

Nos hemos equivocado demasiado dejándonos arrastrar por ira, resentimientos, miedos, adoraciones y pasiones. ¡Es hora de reflexionar! 
¡Es hora de asumir el compromiso personal y social!
Centrarse ahora en la reflexión y el compromiso hará un excelente equilibrio, seguir arrastrándose por las emociones, no producirá cambio y nada bueno traerá, una equivocación más. 


martes, 6 de mayo de 2014

El veneno de un desmoralizador

Quienes se dedican a desmoralizar a otros atentan contra el ser, 
son los peores enemigos que pudieras tener. 
Quienes practican la desmoralización pretenden acabar 
con el sentido de valoración del otro. 
Someterse a semejante acción es demasiado peligroso. 

Un desmoralizador mientras se mantenga o sienta por encima de ti no mostrará su veneno tan letal, eso  surgirá cuando ya no domine y  él sienta tambalear su poder.  Con frecuencia reaccionará para aniquilar todo asomo de crecimiento y esperanza porque el siempre se sentirá por encima a costa de la miseria ajena. 

Cuando estás relativamente cerca de un desmoralizador puedes sentir su veneno letal, casi siempre en su lengua. Aunque algunos de ellos suelen ser muy "sutiles", silenciosos pero letales. Quien practica la desmoralización suele proyectar en otros sus miserias y defectos. Cuando un desmoralizador habla es una buena oportunidad de conocerle, solo invierte su discurso y quedará al descubierto. 
  
El desmoralizador emana odio por sus poros y no importa quien sea (padre, madre, pareja, gobierno,etc) hay que mantenerlo al margen para que pierdan su fuerza y evitar para ti una mayor perdida. 

Comprender lo que mueve a un desmoralizador cuando atenta contra la integridad psicológica de otro es importante para que no tenga éxito en su acción sobre ti. Quien practica la desmoralización es un individuo de mente desviada y perversa. En su mayoría arrastran consigo viejos dolores donde el abuso físico o psicológico era el pan de cada día. Ellos se han desvirtuado en su sano desarrollo, no saben relacionarse o mantener  un intercambio sin menospreciar las muestras de autenticidad y los valores e ideas de otro. Ellos mejor que nadie saben como lastimar. 

El desmoralizador busca ejercer el poder a través de lo poco que sabe hacer, desesperanzando, incapacitando, humillando y arrastrando el valor y la estima de otro, de esa manera toma posición y una ventaja que solo surgirá si realmente logra su cometido, o sea desesperanzarte, desvirtuarte, desvalorizarte e  invalidarte. Empieza entendiendo que él no es superior a ti y que tú puedes activar recursos y habilidades que seguramente el ni sospecha que existen ni las tiene. La más importante es la autovaloración y el reconocimiento de lo que realmente eres. 




martes, 29 de abril de 2014

La importancia de cerrar ciclos en nuestra vida.

Ningún ciclo que se deja abierto consolida el aprendizaje. Estarás condenado a repetirlo una y otra vez hasta lograrlo. 
Todo aquello que inicias lo haces a través de relaciones con otros o contigo mismo, una idea, proyecto, amistad, pareja, familia, estudio y trabajo. No te extrañe que los mayores aprendizajes son básicamente en cómo los encuentros te afectan a ti y a otro.

En cada relación en la que te involucras hay algo importante y valioso que vivir y aprender; cada una de ellas abre ciclos. A veces esos aprendizajes pueden estar llenos de mucho tropiezo. Y es que cerrar ciclos, suele ser cuesta arriba aunque es lo ideal y más saludable. Cerrar los ciclos te garantiza tu crecimiento. Esto no significa que nos enfrasquemos  en una situación o relación. Significa consolidar aprendizajes, modificar y avanzar.

Es imposible cerrar ciclos huyendo, haciendo silencio, rompiendo acuerdos, mintiendo o agrediendo.
Salir corriendo dejando un ciclo abierto predice una caída más abrupta y es posible que se abra más aún la brecha de separación.
Eso que nos hace salir huyendo es justamente lo que necesitamos ver para aprender. Cuando dejas uno, dos o más ciclos abiertos la insatisfacción se apodera de tu vida. Y lo peor es que se te hace rutina dejar todo a medias sin cura ni remedio.

¿Cuándo sabemos que nos toca cerrar ciclos? 
Justamente cuando una situación se ha repetido tantas veces que comienzas a sentir una especie de cansancio, fatiga e insatisfacción  con lo que estás viviendo. Y entonces llega ese deseo ardiente de salir corriendo, de huir de tu situación o simplemente te quedas estancado sufriendo.
¿Cómo se cierra un ciclo? 
Todo ciclo se cierra observando, evaluando e identificando lo que se ha logrado y lo que aún falta por lograr o alcanzar, luego, se trabaja lo identificado y así se consolida el aprendizaje para cerrar el ciclo e iniciar otro nivel más avanzado. 

Quiero culminar haciendo hincapié en lo importante que es hacer conciencia del valor que tiene el tiempo y el cierre de ciclos para mejorar nuestra calidad de vida desde todo punto de vista. Podemos dejar abiertos muchos ciclos y el tiempo no esperará para que tú los cierres. 

Darle el frente a la situación con valentía, superando cualquier temor y asumiendo riesgos te dará una capacidad extraordinaria para vivir con mucha más plenitud y mejor desarrollo personal. Cerrar ciclos genera fuerza interior, produce un estado de paz y consolidación; eso sin duda alguna, te convertirá en un ser humano mucho mejor. 




lunes, 28 de abril de 2014

La venganza... ¿Un alivio al dolor?

La venganza es un sentimiento que seudo alivia  el dolor de aquel que cree que con ella hace "justicia" 
  
Hemos escuchado con frecuencia en la sabiduría popular la tan mencionada frase:   "La venganza es dulce."
Quien se venga hiele su sangre para poder ejecutar su acción. La venganza suele surgir de una creencia y sentimiento de haber sido humillado o desprovisto de algo que estaba seguro le pertenecía.  

La persona apela a su sentimiento de "justicia" y sin mucho remordimiento la ejecuta y es muy probable que esa acción le de la ilusión de sentir alivio ya que el otro ha recibido su "merecido." Pero eso es un falso alivio porque casi siempre lo arrebatado no será regresado. 

Cuando buscas vengarte estás tratando de equilibrar fuera de ti el dolor o la humillación que has sentido. Es decir, quieres infligir al otro algo de lo que tú mismo sientes o has vivido. Es como si algo de ti se nivelara porque el otro siente un dolor parecido y podría comprenderte o arrepentirse. 

La venganza se puede convertir en un arma absurda para lograr forzar la empatía de esa persona de la que te quieres vengar, en palabras más sencillas, que aprenda a colocarse en tu lugar o en el de otros. 

Vengarse es una lección muy primitiva de "justicia". Aleccionar al otro a través de lo que él mismo suele hacer es una tarea que implica planificación, desgaste e inversión de tiempo. Y es allí donde comprendo la importancia que le da el "vengador" a su "víctima."
 Detrás de la "venganza" no  necesariamente hay odio, es muy probable que quien la disfruta sabe lo mucho que vales y eso le es muy incómodo. También en esto podría haber algo de envidia. 

La "venganza" hiela la sangre y la piel de quien la siente porque o es eso, o simplemente muere quemado por aquel sentimiento que lo mueve.
Algunos suelen ser más propensos a ejercer la venganza, quizá esos que piensan y se sienten superiores por ejemplo los orgullosos. Otros que viven en amargura jurando que son víctimas del mundo cuando más bien son victimarios y quieren ver su propio dolor o sufrimiento en el otro. Y existen unos que deciden tomar la justicia por sus manos porque creen saber lo que el otro realmente merece o no merece. 

Yo me pregunto: ¿Y es que acaso la venganza te regresará aquello que creíste te arrebataron? ¿Te devolverá la dignidad? O ¿será que también te convertirá en un verdugo más de esos que ya abundan en nuestro mundo, generando tanto dolor y pesar?