Existen situaciones de vida en las que luchar tiene poco sentido porque la verdadera victoria es justamente aceptarlas para transformarte. Circunstancias que escapan de tus manos y rebelarte o resistirte a ellas es una gran perdida de energía que te estancará y no te dejará ver salida ni aprendizaje ni crecimiento. Aferrarte es equivalente a paralizarte, estás hecho para expandirte, fluir, aprender y crecer.
La aceptación es esa capacidad de comprender que hay más recursos internos por desarrollar para vivir a plenitud aquello que no podemos cambiar. Aceptar para transformarte no es igual que aceptar por "comodidad". Se acepta aquello que fuera de ti no logras modificar.
Cuando no aceptas pierdes objetividad, te cuesta percibir la realidad en su totalidad y tu percepción estará parcelada, limitada, sesgada... Y al no comprender tu circunstancia, le empezarás a buscar "solución mágica". No conseguir respuesta favorable de cambio te llevará a desesperanzarte y frustrarte. Es entonces cuando comienza el peor de tus flagelos: "la victimización", te haces el peor de todos tus verdugos, ese que no te deja comprender que aceptar te hará responsable de todo lo que si puedes hacer y depende solo de ti dentro de tu nueva circunstancia.
El proceso de aceptación es importante para obtener una nueva percepción que te deje reconocer nuevas opciones para fluir y crecer. Aceptar aquello que está fuera de ti y no puedes cambiar te permitirá obtener el impulso de renovarte y desarrollar mucho más tu potencial.
Aceptar eso que fuera de ti no es posible modificar es clave para estar más satisfecho y empezar nuevos retos. Tomar un nuevo rumbo en el que puedas descubrir lo que mereces, para aprender, corregirte y sacarle el mejor provecho a tu situación actual.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario