jueves, 10 de abril de 2014

Observaciones del comportamiento hipócrita.

La hipocresía es fingir aquello que no se siente, mostrarse de una manera contraria a lo que uno es. Ponerse una máscara para conseguir propósitos que creemos no lograríamos si nos mostráramos tal como somos.  El hipócrita suele perseguir fines muy egoístas.  Y tiende a asumir posiciones que le hacen resaltar por encima de los demás, por supuesto, todo a base de falsedad. 

La hipocresía suele esconder un sentimiento de incapacidad ya que el individuo consciente o inconscientemente  necesita mostrar lo que cree no poder sentir o lograr siendo él mismo. A esto se le une inevitablemente un sentimiento de  baja autoestima pues quien se reconoce y se valora por lo que es no necesita mostrarse de manera diferente.

 El hipócrita en algunos casos tenderá a buscar aprobación social en círculos a los que le gustaría pertenecer y a los que siente muy por encima de él. El hipócrita es adicto a adular porque no sabe valorar.  Es un personaje que no solo mentirá también provocará aversión por donde quiera que ha de pasar. No sabrá ser amigo ni tampoco valorará a quien le brinde su amistad, aunque con frecuencia aparenta ser sumamente social. 

El hipócrita carga un gran dolor consigo, no logra ser ni sentirse auténtico. No se vincula ni consigo mismo. Sufre en silencio su egoísmo enfermo que lo aturde sin remedio.  Él es la principal víctima  de su deformado comportamiento.


miércoles, 9 de abril de 2014

Asumir el riesgo de confiar.

Abrir una puerta psicológica siempre tiene sus riesgos y cada vez son menos los aventureros que quieren asumirlos. Cuando confiamos abrimos una gran puerta, pero hay que escoger bien a quién dejarás entrar. Cuando confías un gran paso has de dar, son pocos los que quieren asumir ese riesgo para avanzar. 

Abrir puertas para permitir que otro vea lo que pocos pueden ver de ti, es un acto de gran valor. Confiar no es de  tontos ni débiles, es de seres capaces de ver la luz que ellos mismos y los otros han de emanar.  Confiar es importante para construir las bases que permitirán que ames y te dejes amar. 

Confiar no significa que de todo hay que hablar. Confiar es que aunque hables o calles, no juzgarás ni te juzgarán. Confiar no significa que pasarás por tonto. La confianza es aquello que te ganas y mereces por respetar. Confiar no es olvidar o alcahuetear. La confianza es aquello que te hizo considerar el perdón como solución para continuar en una relación donde estás decidido a amar. 

Cuando alguien confía en ti, te da un lugar privilegiado, te está valorando y lo más seguro es, que incluso, ya te esté amando. Defraudar la confianza podría ser un acto de absoluta torpeza o también de egoísmo, pero lo más seguro es que sea por inconsciencia e ignorancia. Ignoramos las bases que sustentan una buena relación. La confianza y el respeto son los cimientos del amor.


martes, 8 de abril de 2014

El propósito del dolor.

Las despedidas, el adiós, la distancia y la muerte son formas de separación con las que lidiamos día a día, sin embargo, nos conmueven, nos afectan.  El dolor que se experimenta con la separación tiene un propósito claro y determinado: "es importante para todo ser vivo mantenerse vinculado."  

La partida de los seres que amas producen un profundo dolor, sueles sentir que algo muy dentro se quiebra, se parte  y es que al existir una separación en tu mundo externo el mundo interno la interpreta en un lenguaje de sensaciones corporales y te la muestra. Por ello cuando una separación nos produce tanto dolor solemos decir: "se me parte el alma."

En una reflexión anterior decía que no había mayor dolor que aquel que justamente sentimos cuando experimentamos la separación
El dolor nos habla de lo indispensable que es mantenernos conectados. Éste, tiene una función sanadora, vinimos a experimentarlo  para sensibilizarnos y concientizarnos acerca de lo importante que es la vinculación. 

Cuando vivimos el dolor, lo mejor es expresarlo, compartirlo, conversarlo, llorarlo, vivirlo sin egoísmo ni mezquindad. Guardarlo o reprimirle te separa mucho más. 

 Quien guarda o reprime su dolor está destinado a vivir en separación. El dolor al expresarlo y compartirlo te vincula. Y esa vinculación no es más que amor. Vincularse es amarse. 

Contener o no expresar el dolor es una forma de negarse a amar. Cuando te expresas y te muestras, algo de ti se conecta o vincula con otro. Soltar o dejar partir es una excelente terapia para sanar el dolor, reencontrarnos con el amor y así recuperar la vinculación. 

Sentir, expresar y vivir intensamente el dolor de una perdida es el inicio para curar un corazón roto. Una vez que esto suceda, estarás preparado para dar y recibir mucho más amor.   


domingo, 6 de abril de 2014

La Envidia un veneno poderoso

La envidia aunque sea silenciosa es un veneno extremadamente potente. Observo con cuidado a personas que aún teniendo una vida, codician la ajena. Gente que murmura un odio incorregible, miran con apetito voraz los dones ajenos. 

Quien envidia tiene un pobre concepto de si mismo, no sabe reconocerse. 

Muchos piensan que la envidia es admiración encubierta y quizá no esté muy alejado de la realidad. ¿Pero qué hay en el fondo de la envidia?
Envidiar no es bien visto ni para el envidioso. Por eso procurará encubrir su envidia con otros sentimientos o actitudes.

El envidioso dirá compulsivamente que no envidia o que no tiene nada que envidiar a otros. Cuando esa repetición lo que hace es revelarlo.

Envidiar no tiene sentido cuando comprendemos quienes somos.
Envidiar nos muestra nuestra incapacidad de descubrirnos únicos e irrepetibles.

La llamada envidia "sana" no existe como tal. La envidia es empobrecimiento de nuestra estima.
Eso que llamamos envidia "sana" pongámosle el nombre que merece, admiración. Decir que sentimos envidia de la "sana" es bajar nuestro nivel de poder reconocer la virtud que hay en nosotros y en el otro. La envidia es una cosa y la admiración es otra, mejor no la confundamos.  

Reconocer que somos únicos e irrepetibles nos asoma que la envidia no tiene sentido. No podemos ser como otros ni ellos como nosotros. 

Nadie es ni será como tú. Tu vida, razón, existencia y misión es tan única en este universo que al comprenderlo la envidia pierde todo sentido.

Cuando comprendemos quienes somos la posibilidad de envidiar pierde toda fuerza.   Podríamos acercarnos a parecernos a otros, pero nunca seremos iguales. Reconocer y reconocerse  único en este mundo es un paso grandioso.


sábado, 5 de abril de 2014

Desprenderse, desaprender y amarse.

Desprenderse es clave para sentirnos satisfechos. Las aprehensiones y los apegos nos agotan y limitan nuestras posibilidades de realización. 

Desprenderse y desaprender nos ayudan a crecer. Traemos con nosotros cargas pesadas y aprendizajes que nos llevan a la autodestrucción.

 Vivir es una gran oportunidad para reencontrarnos con aquello que creímos perdido y hasta olvidado. Y es allí donde está la gran confusión.
Agregamos carga adicional que incluso no es necesaria. 

¿Si vinimos a dejar partir y a desprendernos, qué sentido tiene añadir más peso?  

Nos perdemos en nuestra búsqueda porque nos distraemos acumulando. Y lo que más acumulamos es miedo. Miedo a soltar lo que equivocadamente creemos nos pertenece y un profundo miedo a no ser amados. Y así pasamos gran parte de nuestra vida, intentando poseer lo efímero y buscando la aceptación ajena, como si eso nos dará el impulso final, para alcanzar la meta.

Ámate con fuerza absoluta e innegable.  Cuando aprendes a amar, entonces desaprendes el miedo y verlo partir te hará ligero. Si te amas te harás libre y ligero. Si te amas, te encuentras con aquello que creíste perdido y olvidado.


jueves, 3 de abril de 2014

Acerca de la crítica.

Definitivamente necesitamos educar el impulso de criticar y más aún de especular porque otros no logran ser "tan geniales" como nosotros.

 A veces somos tan ligeros para sacar conclusiones sobre las limitaciones y debilidades de otros, que pareciera que somos perfectos.

Si lográramos estar seguros, que al criticar no invalidamos al otro, entonces estaríamos frente a una crítica constructiva.

 La mejor crítica se llama autocrítica. Señalar a otros, es la forma cobarde de expresar lo que en verdad creemos de nosotros.

  La crítica abunda porque nos cuesta asumir y responsabilizarnos de las miserias que cargamos sobre nuestros hombros.

La crítica solo es hecha sobre lo que conocemos acerca de nosotros y que por supuesto proyectamos en otros.

 Criticar nos acaba, nos hace malhumorados y nos convierte en personas pobres.

Cuando criticas te hundes en la "supuesta" miseria de otro, pero realmente es a ti a quien esa miseria le corresponde.

Hay un viejo y sabio cuento oriental que explica, que criticar es como limpiar el  estiércol en otro para vaciarlo sobre nosotros.



miércoles, 2 de abril de 2014

La Estabilidad, una utopía. La inestabilidad, una realidad.

La estabilidad en este plano es una verdadera utopía. Quien la persigue se frustra. Nuestra naturaleza mientras vive, es frágil e insegura.

No necesariamente lo ideal es lo que aparenta ser estable. Quizá eso que ocasionalmente llamamos estabilidad podría convertirse repentinamente en daño, peligro e incluso caos. Un ejemplo de ello son las rutinas o hábitos que nos hacen tan cuadriculados y con frecuencia terminan deteriorando nuestras relaciones con nosotros mismos y con otros, pues ellas tienden a hacernos rígidos y resistentes a nuevos enfoques. 

 La "estabilidad" no es signo de seguridad ni siquiera de bienestar. La vida es inestable y muy cambiante. Lo estable implica inmovilidad, la estabilidad nos genera resistencia al cambio. Quien se resiste de forma extrema a los cambios está evitando vivir. Nuestra vida de relación necesita de movilidad y cambio para mantenerse palpitante. 

Eso que llamamos estabilidad podría generar estancamiento y  contribuir al deterioro en una relación. El agua que no corre o se moviliza de alguna manera pierde su vitalidad. Si lo analizas con detenimiento te darás cuenta que la "estabilidad" nos hace flojos, menos creativos y productivos.

Tener "mucha estabilidad" podría generar menos habilidad para sobrevivir. Tener de todo un poco activa positivamente nuestra vida. Lo inestable nos hace creativos y grandes sobrevivientes.

 La vida es frágil e insegura. Estar vivo es estar cambiando y cada cambio genera inestabilidad. Resistirse a ello es la muerte. El hombre cuando se resiste a los cambios va en contra de su propia naturaleza. Flexibilizarnos deja muchas más opciones.

Nuestra naturaleza es cambiante, muy frágil e insegura y justamente es eso lo que nos demuestra que esta palpitante, en pocas palabras viva. Cuando tu vida se llene de cambios y eso te haga sentir frágil e inseguro, anímate, porque eso significa que estás vivo.
     
 Aceptar los cambios y la inestabilidad que ellos producen en ti y en tu ambiente te da más opciones de supervivencia y aprendizaje. Comprender y aceptar nuestra naturaleza frágil e insegura es clave para aprender a lidiar con nuestra existencia y realidad  humana.